Hoy, me sostengo, me acuno, me animo y me quiero porque sé que todo es temporal y va a pasar”

En estos tiempos complejos para todos, donde la incertidumbre es parte del cotidiano, la sobrecarga laboral ya es parte del día a día, y la libertad para movilizarse está condicionada a cifras estadísticas de contagios, es bueno volver a recordar que todo pasa.

Tanto las vivencias buenas como aquellas dolorosas e ingratas, pasan. Nada es para siempre, salvo cuando la mente trae al presente algún recuerdo, afectando para bien o mal el estado de ánimo. Todo lo vivido queda alojado en la memoria, tanto experiencias recientes como las más remotas. Lo único real y actual es en lo que estás ahora.

Antes de la pandemia, puede que hayas estado en la fantasía mental de que todo seguiría igual, día tras día, con una agenda de actividades planificada y programada. Incluso el romper la rutina dependía más de ti o de otras personas, que de factores o fuentes externas a la voluntad humana.

Sin embargo, la pandemia les movió el piso a todos. Remeció rutinas anquilosadas que obligó a cambiar o adquirir nuevos hábitos y maneras de relacionarse con los demás, para reducir el riesgo de contagio. Recordó la fragilidad de la propia vida. Viviste seguramente el miedo de no saber qué pasaría contigo y tus seres queridos. Quizás compartiste el dolor de amigos, vecinos, conocidos o colegas que perdieron a alguien querido. Te diste cuenta que la vida es corta.

Tu forma de vida de antes quedó en el pasado, se transformó posiblemente en añoranza. Hoy, tu vida y rutina está sujeta a la contingencia del momento, algunas veces más restringido(a) de movilidad, en otros momentos con libertad para salir. Se reinventaron las reuniones de trabajo, muchas son por plataformas digitales o con distancia física portando mascarillas. Algunos trabajos desaparecieron, negocios que eran del barrio que ya no están, y así una serie de cambios que se fueron dando al prolongarse el estado de excepción y que jamás imaginaste que todo esto sucedería.

Por esto hoy, te invito a repetir la frase positiva de esta semana para darte ánimo, porque ¿sabes? Este tiempo de contingencia por pandemia también pasará y en algún momento será un pasado, un ayer que recordarás como parte de tus experiencias y lecciones de vida. 

Te sugiero el siguiente ejercicio:

Busca un espacio tranquilo. Puedes ambientarlo con aromas, luces tenues y música de relajación de tu agrado.  Si estás en el trabajo colócate tus audífonos, para a través de la música se genere una suerte de efecto de aislación de los ruidos ambientales. Siéntate cómodamente. Si hay alguna parte de tu cuerpo con molestias cambia la posición hasta encontrar la postura más adecuada y confortable. Cierra los ojos y reconecta contigo, con todo tu ser. Luego con tus brazos y manos abrázate fuerte por un rato suficiente que te sientas sostenido(a) por ti mismo(a). Puedes incluso –si lo quieres– auto-mecerte por unos instantes mientras repites la frase positiva tres veces en voz alta y lentamente:

“Hoy, Yo (nombre y apellido) me sostengo, me acuno, me animo y me quiero porque sé que todo es temporal y va a pasar”.

 

“Hoy, Yo (nombre y apellido) me sostengo, me acuno, me animo y me quiero porque sé que todo es temporal y va a pasar”.

 

“Hoy, Yo (nombre y apellido) me sostengo, me acuno, me animo y me quiero porque sé que todo es temporal y va a pasar”.

 

Luego abre los ojos lentamente y procede a estirar tu cuerpo lo que más puedas, como si estuvieses despertando y comenzando tu día nuevamente. Estira los brazos y expande el pecho arqueando levemente la espalda, estira el cuello y las piernas. Anota en un cuaderno cómo te sientes después del ejercicio.

Después de escribir tus notas, mira quiénes están a tu alrededor. En la medida que puedas dentro de tu jornada de actividades o durante la semana diles en forma sincera y mirando a sus ojos cuanto los estimas, los quieres, los amas, o los admiras, etc., (sean colegas, familiares, conocidos). Explícale la razón de por qué los valoras de esa manera (es decir, por qué los estimas, los quieres, etc.). Luego dales las gracias por ser parte de tu vida, ya sea como colegas, amigos, conocidos o familiares.

Recuerda que todos quienes te rodean están en la misma contingencia que tú, con sus propios estreses, preocupaciones, tensiones y luchas internas. Muchas veces la rutina del trabajo o los estudios camufla la parte humana y emocional de cada uno. En dichos ambientes, se tiende a interaccionar con los demás en función del rol laboral o académico, las responsabilidades, tareas o dinámicas que el contexto de la organización condiciona, sin necesariamente acceder a apreciar el alma y el corazón de quienes te rodean.

Si te acuerdas de alguien que está lejos y hace tiempo que no sabes de él o ella, llámalo(a) y pregúntale cómo está, escúchalo(a) atentamente y sé empático(a) con lo que te diga. Luego dile cuanto lo(a) aprecias de la misma manera que haces con quienes tienes cerca.

Cuando te vayas a tu casa o tengas que salir de casa por alguna razón, apaga el celular y viaja mirando tu alrededor, observa y disfruta el viaje y los cambios que se vayan sucediendo en el camino. Respira hondo y profundo, repite la frase positiva cuantas veces lo necesites, para darte fuerza, ánimo y optimismo, pues todo es temporal y va a pasar.

Cada vez que termines las actividades sugeridas anota en un cuaderno tu experiencia, qué pasó y cómo te sentiste, para revisar en días posteriores y reforzar lo que hayas aprendido de ti y de quienes te rodean.

Si por alguna razón, no puedes hacer todas las actividades sugeridas no te estreses con ello, pues ya es valioso con el hacer al menos una. El objetivo es que si decides hacer las actividades, las hagas bien y acorde a tus tiempos en forma voluntaria y gratamente.

Espero tus comentarios.

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Tamara Rojas W.

Tamara Rojas W.

Psicóloga, Trasciende Ahora ®

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