¿Estás respirando correctamente?

Acorde a un reportaje de la BBC de Gran Bretaña, el ser humano promedia 23.000 respiraciones al día, teniendo un promedio de 16 respiraciones por minuto en una persona adulta que está tranquila y no expuesta a presiones. Según este reportaje, una persona de 30 años de edad ha alcanzado a producir ¡250 millones de inhalaciones y exhalaciones! Si a esto se agrega, acorde a datos de otros expertos, que cada persona consume 8.000 litros de aire por día, claramente la evidencia registra que el sistema respiratorio suministra al cuerpo humano alrededor de ¡2,4 millones de litros de aire al año!; siendo uno de los sistemas clave para la preservación y equilibrio de todas las células de tu cuerpo, y por ende, de continuar vivo(a).

Sin embargo, varios estudios han develado que la mayoría de las personas no respiran adecuadamente bien, para alcanzar los niveles óptimos de oxigenación que el cuerpo humano requiere. La mayoría de las personas tienden a efectuar una respiración corta y rápida, la cual se caracteriza por ser superficial y sin foco. Dichas características de este tipo de respiración gatillan la proclividad de experimentar estados de ansiedad, angustia, depresión, como también una presión arterial alta. Según estos datos, se torna altamente relevante que el patrón del ritmo respiratorio sea óptimo para una plena absorción de oxígeno en pro de la vida celular del organismo, “ingrediente” que es la base junto a otros nutrientes de mantener un metabolismo estable y en equilibrio.

Sin embargo, la respiración profunda ampliamente estudiada y practicada por los Vedas en India ha exhibido interesantes resultados en estudios occidentales, en los cuales se ha comentado que dicha respiración promovería una mejoría de la salud general de las personas que la ejercitan.

Estos estudios han evaluado la técnica de respiración profunda en grupos de voluntarios por un lapso de varias semanas, donde se ha observado e identificado los beneficios que entrega a la salud. Entre algunos de sus beneficios directos y de corto plazo se encuentran el que disminuye la presión arterial, el dolor corporal y la frecuencia cardiaca, entre otros (pincha aquí para revisar otros beneficios artículo anterior). Así también, después de ejercitar la respiración profunda, los voluntarios han reportado sentirse más tranquilos, calmados y relajados.

¿Cómo es posible que un cambio de la respiración tan sencillo y simple sea tan efectivo para brindar beneficios inmediatos?

Hay tres claves que responden a esta pregunta. La primera, es que el patrón de respiración habitual de 16 respiraciones por minuto se reduce a 4 a 6 respiraciones por minuto, debido a que el ciclo de inspiración se realiza de manera más lenta seguido de un intervalo de retención de aire, que puede variar entre 5 y 10 segundos por vez, para luego liberar el aire de manera gradual. Según los expertos, el punto óptimo de respiración profunda se lograría en la realización de 6 respiraciones por minuto que tendría un poder preponderantemente curativo a nivel del cuerpo general.

A nivel interno del organismo, esta ralentización del ritmo respiratorio genera que el sistema nervioso simpático se relaje y reduzca la secreción de cortisol, hormona que se secreta cuando una persona se enfrenta a situaciones de peligro, presión y estrés, y que gatillan estados de tensión, alerta y “nerviosismo”. Al mismo tiempo que el sistema simpático se relaja, el sistema nervioso parasimpático se activa. Este último inicia la secreción de endorfinas, sustancias producidas por el mismo organismo y que tienen efectos sedantes. Estas endorfinas viajan a través del nervio vago, el cual las distribuye a través de todo el cuerpo. Una vez que las endorfinas han sido repartidas, las personas comienzan a experimentar sensaciones de tranquilidad, relajación y calma coincidente con los hallazgos reportados por las investigaciones sobre el tema.

La segunda clave es que el movimiento de la respiración se profundiza envolviendo el movimiento del diafragma y la zona del vientre medio, razón por la cual la respiración profunda es también conocida y muchas veces referida como respiración diafragmática. Esta diferencia con la respiración corta –la cual es realizada a nivel del pecho con la participación de la clavícula (zona superior al diafragma)– genera que los movimientos se realicen subiendo y bajando a nivel del estómago que gatilla que los pulmones funcionen a su máxima capacidad de absorción de oxígeno. Este elemento es vital para la vida celular de la totalidad del cuerpo, especialmente del cerebro, que se tranquiliza al oxigenarse, ayudando a que se mejore la concentración y el aprendizaje, entre otros beneficios a nivel cognitivo.

La tercera clave la contiene el ejercicio mismo, dado que la técnica en su versión simple obliga al practicante a concentrar la mente en que la respiración se esté realizando del modo correcto, inflando y desinflando la zona del estómago. En las versiones con tres partes (inhalación, retención y exhalación), la mente se focaliza mucho más porque debe atender la contabilización de los tiempos de cada sección del ciclo, dejando de pensar en otras cosas. De esta manera, la mente para de pensar y se aquieta, retornando al momento presente, al ahora.  La mente logra desapegarse y dejar ir aquellos pensamientos que no están relacionados con lo que se está realizando en ese momento que es el ejercicio de respiración profunda. 

En resumen, la respiración profunda promueve múltiples beneficios para la salud a diferencia de la respiración corta por constituirse en un ejercicio consciente y focalizado, que busca relajar al organismo en su totalidad. Para lograr esto último se modifica intencionalmente el ritmo y los tiempos de inspiración y exhalación intercalados por una pausa de retención del aire. Dicho cambio en el patrón de respiración disminuye de manera significativa las respiraciones por minuto. Al tornarse más lentas la frecuencia de respiraciones se gatilla una reacción en cadena a nivel neurofisiológico, lo cual restaura el equilibrio de los demás sistemas del cuerpo humano influyendo en la regulación de las emociones y la actividad mental.

Espero que la información compartida en este artículo te motive a decidir el incluir la respiración profunda como una práctica diaria para la prevención de tu salud física y mental. 

 

Espero tus comentarios.

 

 

Referencias:

 

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Tamara Rojas W.

Psicóloga, Trasciende Ahora ®

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