Simplemente se valiente, confía y ten fe.

Cuando se está creando un nuevo camino de vida, o buscando nuevas oportunidades o se está frente a dos opciones y hay que elegir una de las dos, te puede sobrevenir en ese instante un cierto nivel de miedo. Claramente la incertidumbre de no saber si lo que vas a decidir es el camino correcto –según los propios anhelos– puede gatillar una suerte de inquietud interior.

En ese momento puede sobrevenir ansiedad, desasosiego, y una gran inseguridad, ya que estás frente a una encrucijada de la vida. Internamente presientes que la opción que elijas, la oportunidad que tomes o el rumbo que le brindes al camino que estás ideando, no tendrá retorno. De alguna manera, una parte de ti le aterra dejar atrás lo conocido, lo que solías ser y hacer, donde todo estaba bajo cierto control, pues ya habían rutinas establecidas y bastante repetitivas. Incluso tu vida misma ya era predecible y hasta algo automatizada en muchos quehaceres, por la familiaridad de los mismos.

A lo anterior, se suma que dar ese paso puede que exija cierto grado de desapego emocional con ciertas personas y cosas, especialmente cuando estas encrucijadas conllevan un giro importante de tu camino de vida. Como por ejemplo, cuando optas por un nuevo trabajo o inicias algún estudio que requieren cambiar de ciudad y alejarte de quienes te apoyan.

Es normal que esa inseguridad y miedo surja, pues como ser humano tienes una parte instintiva que busca sobrevivir a toda costa. Tu cerebro reptiliano (el sistema límbico), tratará de evitar cualquier situación que ponga en riesgo tu propia sensación de seguridad y estabilidad.

Claramente salir de la zona de comodidad no es fácil, pues asumir o querer algún cambio en la vida requiere valentía. Primero porque nadie, ni nada te da garantías de que la decisión que tomes es la correcta y acertada. Segundo, si das el primer paso, el presente familiar y conocido que estás dejando atrás no volverá. Tercero, ese primer paso es avanzar en un territorio que no está bajo tu dominio mental y que requerirá aplicar otras habilidades que, cuando se está en la zona de comodidad, están dormidas. Cuarto, para afrontar ciertos riesgos o peligros y mantenerte persistente en tus cometidos deberás aprender a amainar el temor que puedas experimentar internamente.

Estas condiciones recién descritas me recuerdan un testimonio escrito por San Mateo en su capítulo 14, entre los versículos 22 y 33 cuando Jesús caminó sobre las aguas y Pedro quiso ir al encuentro con su maestro. Pedro al dar sus primeros pasos sobre las aguas, el miedo se apoderó de su corazón y se comenzó a hundir pidiendo auxilio a Jesús, quien lo rescató para que no se ahogara. Recuerdo este pasaje porque es una buena ilustración sobre lo que a cada persona le sucede cuando afronta cambios en su vida, ya sea por elección propia o por obligación. El miedo es la emoción que se activa para ponerte en alerta y anticipar cualquier situación de riesgo y peligro de modo de lograr sobrevivir. Pero cuando ese miedo se toma todo el cuerpo y la mente, en vez de ayudarte comienza a entorpecer tus capacidades personales y, como Pedro –que se asustó con el contexto del viento y el estar rompiendo una creencia de estar caminando sobre aguas– comenzarás a hundirte en un torbellino de emociones, boicoteando el despliegue de tus capacidades para responder eficientemente a los desafíos de la nueva ruta. O incluso, puede que este miedo te impida dar ese primer paso, quedándote con lo que ya estás acostumbrado(a) y familiarizado(a).

¿Por qué sucede esto? Porque el aspecto instintivo de la naturaleza humana predomina sobre los otros dos cerebros, impidiendo que te atrevas a ir más allá. Ya que asumir nuevos caminos o rutas requiere una sólida confianza y una enorme fe en ti y lo que te rodea, de que las cosas saldrán bien. Ya que como comenté anteriormente no hay certezas ni garantías de éxito. Las nuevas oportunidades de cambio o crear tu camino se maneja sólo con probabilidades proyectando lo que tú crees que va a pasar en un plan o mapa mental sin testear. Y además, muchas veces requiere modificar o desterrar viejas creencias internas anquilosadas en tu mente y corazón, que te frenan el evolucionar hacia un nuevo modo de pensar que va en mejor consonancia con los cambios por asumir o tomar.

La opción final siempre es tuya. Si prefieres estar donde siempre has estado es tan válido como el querer vivir cambios y tomar oportunidades únicas. Pero si en tu ser interno el deseo de cambio es fuerte, lo quieres y lo deseas día a día pero no te atreves y te quedas bloqueado(a) viviendo todos los días una clara frustración e impotencia por no hacerlo, entonces quizás es tiempo de incursionar en un proceso de orientación y desarrollo personal que te ayude a evaluar bien qué es lo que realmente quieres y qué te frena cambiar tu vida. Si es así tú caso y requieres un apoyo profesional en este proceso de búsqueda y cambio puedes completar mi pre-consulta psicológica o formulario de contacto pinchando aquí. Te responderé lo antes posible sobre los pasos a seguir.

En esta oportunidad el ejercicio sugerido es personalizar la frase positiva para internalizar mediante una afirmación un nuevo patrón mental en la psique de modo de modificar tus propias creencias sobre ti mismo(a). Entonces repite la frase 3 veces en voz alta todos los días, antes de comenzar y finalizar tu día por al menos 21 días (un mes es ideal):

Yo (nombre y apellido) soy valiente, tengo confianza y fe en mi y lo que me rodea de que todo saldrá bien. Afronto con determinación cualquier desafío que se presente en mi camino.

Espero tus comentarios.

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Tamara Rojas W.

Tamara Rojas W.

Psicóloga, Trasciende Ahora ®

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